miércoles, enero 18, 2006

Españoles, temblad...

La convergencia del PSOE con los nacionalismos más extremistas ha puesto a los ciudadanos españoles en una encrucijada constitucional que carece de la más mínima legitimación democrática. A diferencia de la Transición y del acuerdo constituyente de 1978, la sociedad española no ha autorizado el cambio de régimen que está propiciando el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ni está participando en sus debates, porque se hallan sometidos a la más absoluta opacidad, ni va a ser llamada a una consulta democrática sobre sus resultados.

La desfiguración constitucional de España no se limita sólo a una alteración de su definición estatal, que se pretende sea puramente confederal, sino también a un cambio imperativo del modelo social, de las pautas de convivencia cívica y de formación de futuras generaciones. Reformas como la educativa, la territorial o la judicial cooperan con el propósito de crear un nuevo tipo de sociedad formada sólo por los estereotipos de este frente de socialistas y nacionalistas que lidera Zapatero. No hay que engañarse sobre la certeza de estos objetivos.

Se anunció una segunda transición y se ha abierto sin contemplaciones para que concluya con un nuevo régimen político y un nuevo modelo social, hechos ambos no sólo al margen, sino en contra de los sentimientos y deseos mayoritarios de la sociedad española. Las instituciones del Estado han sido puestas al servicio de los pactos partidistas del PSOE con los nacionalistas y hoy tenemos un presidente del Gobierno que ejerce su cargo contra el interés nacional, apoyando demandas soberanistas, cuestionando la nación y alimentando estrategias que avanzan hacia consumar el reconocimiento de la autodeterminación exigida por sus aliados independentistas.

Como sucede siempre que el poder político se practica fuera de los cauces democráticos, bajo la mesa y a escondidas, la discrepancia o la independencia de criterio son considerados actos de disidencia. El Gobierno y su presidente no toleran la crítica ni la existencia de poderes autónomos. Por eso, atacan la libertad de expresión, con organismos políticos capaces de censurar y cerrar medios de comunicación; pretenden mutilar la independencia judicial, restando competencias al Supremo y al Consejo General del Poder Judicial; y desprecian el imperio de la ley, criticando la legalidad antiterrorista y poniendo la zancadilla a las investigaciones de la Audiencia Nacional sobre la Asamblea de Batasuna y el Partido Comunista de las Tierras Vascas.

Y, por supuesto, este movimiento de derogación del régimen político de 1978, del que el proyecto estatutario catalán es sólo el primer eslabón –al que seguirán otros pactos soberanistas en el País Vasco y en Galicia-, requiere silenciar a la oposición, al PP. El Pacto del Tinell, por el que los socialistas aceptan no acordar nada con el PP ni en Cataluña ni en Madrid, refleja la profunda degradación de los valores democráticos en el PSOE, porque implica aceptar como pauta de gobierno la exclusión de los millones de españoles que representamos los diputados y senadores del PP.

Nuestra respuesta no puede ser otra que proponer a los españoles una movilización no partidista por la defensa de la Constitución y reclamar el derecho de la sociedad a decidir sobre su futuro, sobre su Nación y su soberanía. El PP no se va a contagiar del espíritu destructivo de Rodríguez Zapatero y seguiremos ofreciendo al PSOE un gran pacto por la unidad, la igualdad y la solidaridad nacionales. Dijo el presidente Abraham Lincoln en 1858 que "una casa dividida contra sí misma no se mantiene en pie".

Ángel Acebes

1 Comments:

At 3:52 p. m., Anonymous Anónimo said...

¿Depués de soltar tanta tontería no te quedas agotado?

 

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